lunes, 16 de junio de 2008

HIRU HAUNDIAK 2008 : ¡23 INTERMINABLES HORAS!

Todavía estoy allí... Imágenes y sonidos que no quieren abandonar mi cabeza, los dolores persistentes en mis piernas, las ampollas de los piés... Ha sido sin duda la prueba más dura en la que he participado: La distancia, el desnivel acumulado, el barro, la falta de entreno...Las últimas horas fueron para mí un test de fortaleza mental, al que ya presentía que me tendría que enfrentar desde el mismo momento de apuntarme. En las otras dos ocasiones que lo he intentado salí derrotado (100km de Madrid y Transgrancanaria) por las lesiones y el cansancio, pero siempre te queda la sensación de no haberlo dado todo. En la maratón te hablan del muro del kilómetro 30, en el ciclismo de la pájara, en las carreras de fondo todo se ralentiza, cuando tus fuerzas flaquean y calculas lo que te queda, has de echar mano de toda tu fuerza de voluntad para continuar a pesar de los dolores, del cansancio, del hastío... Llega un momento en que te mueves en una especie de limbo, tienes mucho tiempo para pensar, y acabas "agarrándote" a esos pensamientos para aislarte de la realidad. Una vez más debo utilizar la frase que da título al blog: Si alguien necesita que se lo expliques, es que no lo ha experimentado por sí mismo, y de nada serviría que le describieses tus sensaciones, porque no es algo que se pueda entender, es algo que se siente.

"Hiru Haundiak" significa: "Las 3 grandes", y este nombre hace referencia a que durante el desarrollo de la misma se suben (y bajan) Aizkorri, Anboto y Gorbeia. La recogida de dorsales está frente al Estadio de mendizorroza en Vitoria. Allí tomé la foto del paisano, que indicaba la puerta del servicio de caballeros (son unos cachondos estos vascos).
Desde allí te llevan en autobús a la localidad de Otxandio, en cuya plaza mayor se da la salida, y por el que se pasa de nuevo en el km. 69 y al cruzar la meta. Se sale a las 12 de la noche del viernes (0 horas del sábado) y a partir de ahí, tienes 24 horas para completar el recorrido, estableciendo la organización unos horarios mínimos de paso en algunos puntos para poder continuar.
AIZKORRI: Ya de salida comienza la ascensión, primero por una pista asfaltada, dónde el espectáculo de más de mil personas con sus frontales encendidos forman una "serpiente luminosa" espectacular. Pronto desembocas en un sendero empinado, embarrado y muy resbaladizo; todavía estás pletórico de fuerzas, y vas agarrándote a los árboles, tirando de riñones, impulsándote con los bastones (los que los llevan) para avanzar por la resbaladiza superficie. EL atasco es inevitable, y la gente trata de pasar por dónde puede. Aquí nos separamos el trío jaramuguil, pues cada uno ha de subir cómo puede. Se acaba esta parte y se empieza a cumbrear por senderos de roca resbaladizos, que hacen muy peligroso el paso, y más siendo de noche y con niebla; se alternan pequeñas subidas y bajadas, donde quien más quien menos se cae alguna vez. Recuerdo haber tenido mucho miedo a caerme y lesionarme, echando por tierra mi sueño de ser Ironman en Roth. A las 5 de la mañana aproximádamente, empiezas a oir a gente jaleando y la serpenteante fila de luciérnagas que formamos los participantes, conquistamos la cima del Aizkorri. Uno menos, piensas, y ya queda menos para que amanezca, lo que será de agradecer. Se pasa junto a algunos caseríos, prados resbaladizos, zonas muy embarradas, y se empieza a oir un fuerte sonido como de maquinaria; con la niebla tampoco se ve nada, y el hecho de oirlo unas veces más cercano y otras más lejano desconcierta; al final la niebla aclara, y descubres con estupor que caminamos junto a una línea de molinos eólicos que son los que producen el ruído misterioso. Cerca otra de las estampas que me he traído conmigo: Tras un sendero entre bosque, se llega a un pequeño collado donde no hay niebla, y se te ofrece un cielo estrellado sobre las luces de unas casas en el valle y la ciudad allá a lo lejos. Comienza aquí una sucesión de pistas, bastante fáciles (porque no hay barro) que no por los desniveles. Llega el primer avituallamiento líquido, dónde paro para intentar sacar algo de barro de las zapatillas (las medias medilast demostraron aquí también su utilidad, y las zapas Salomón de goretex cumplieron a la perfección), llenar el bidón y comentar un plan de "chascarrillos" con la gente del puesto. Apetece ya la claridad del amanecer, por aquello de que "de noche todos los gatos son pardos" y siempre ayuda ver dónde se ponen los piés. Al poco me alcanza Atalanta77, al que no había vuelto a ver, y que pensaba que CiegoSabino íba por detrás, pero yo le comenté que me había parecido verle adelantándome en el primer sendero embarrado, como mucho más tarde corroboraríamos. Es estupendo tener un amigo a tu lado cuando te enfrentas estos desafíos, así que a partir de aquí fuímos juntos hasta prácticamente el final. Hablando de muchas cosas y diciendo muchas tonterías, nos plantamos al pié del Anboto.

ANBOTO: Hay un punto de control al pié y cuando llegamos allí pensé que era una broma. Tras una buena tanda de subidas en medio del bosque, de repente accedes a un prado desde el que sale esta preciosa cumbre de forma piramidal, y que me trajo a la memoria el episodio de los Simpsons en el que Hommer, patrocinado por una marca de barritas energéticas, debe subir al pico más alto de Springfield. Conocimos allí a un triatleta del Club Tripi de Valladolid que nos decía que ésto era mucho más duro que un Ironman. Es una subida empinada de piedra, en la que a menudo debes ayudarte de las manos para avanzar, pero el paisano al que le preguntó Abel en la base tenía razón, se tarda unos 45 minutos en subir. Mis problemas de vértigo van en aumento con la edad, y me concentro en no pensar en ello ni mirar para abajo; en la bajada hay una cuerda de seguridad para agarrarse. Con este pico pasó justo lo contrario que con el último: Impresiona más al verlo que al subirlo. Continuamos pués y tras una zona emabarrada (otra vez) de pistas y senderos, más otra dura ascensión (que luego me enteré que era el Urkiola) llegamos de vuelta al punto de salida de la prueba, el pueblo de Otxandio, dónde se encuentra el segundo y último avituallamiento sólido. Un rato antes habíamos alcanzado al Ciego, que íba con algunos probleas de ampollas y molestias en la rodilla. Llevamos 15 horas y 69 kilómetros. Mucha gente aprovecha para retirarse aquí. Las fuerzas flaquean, aparecen las ampollas en los piés, mentiría si dijese que no pensé alguna vez en abandonar. Me notaba que íba a menos, ya no podía seguir el ritmo de Abel.
GORBEIA: Decido continuar, y nos lanzamos a por el último y más duro desafío. Hace sol y calor; se agradecerían mucho más las zonas de sombra, si éstas no fueran acompañadas de barro y terreno pesado para caminar. Hasta aquí hemos corrido casi siempre en las pocas zonas llanas que ha habido y en las bajadas fáciles, pero ya no queda energía y hay que pensar en los 31 km que faltan. Ya de salida, vamos cada uno a su ritmo, nos volvemos a reagrupar en las eventuales paradas para beber, echar una foto o hacer un pis. Antes de iniciar la subida al Gorbeia, hay que superar otro valle que le antecede, empinado, embarrado, extenuante. Cuando miras hacia el objetivo lo ves muy lejos, pero sigues adelante, por el simple método de dar un paso, y luego otro, y otro... Cuando por fín llegas al pié, y ves a la gente descendiendo trotando por la ladera, parece que ya lo has conquistado, pero la montaña te hace volver a la dura realidad. Es una subida limpia, de pradera, sin piedras ni barro, pero empinada, muy empinada. Después de la paliza que llevamos, casi parece imposible llegar a la maldita cruz de la cima; hay que subir haciendo eses para superar el desnivel. Por fín la alcanzas, lo peor es que llevas viéndola 1 hora, pero parecía que tu sufrimiento no te acercaba a ella. Allí está Atalanta que va bastante más entero, y al poco llega Agus. Iniciamos el descenso rápidamente para no quedarnos fríos y para intentar llegar a meta antes de que se eche encima la noche; aún quedan 14 interminables kilómetros. Abel baja corriendo, el tío está aún con energías, y de aquí a meta, adelantaría a más de 130 participantes, sacándonos casi dos horas, y haciendo gala una vez más de su gran clase. Yo ya no puedo correr, pero lo peor es que sufro muchísimo bajando. Ha aparecido un dolor agudo en la rodilla derecha al apoyar el peso en la bajada, que junto a las ampollas, los cuádriceps de "madera" y al dolor en el empeine del pie izquierdo, hacen que descender la tremenda pendiente sea un suplicio. Una vez abajo toca seguir por una sucesión de pistas, que conforme vamos perdiendo altura se van llenando otra vez de barro y más barro. Aquí me empieza a adelantar multitud de gente, porque mi ritmo se ha ralentizado muchísimo. A falta de 6 kilómetros nos anuncian que falta una pequeña tachuelilla por superar; es una subida que a la ída hicimos en sentido contrario (bajando) y que está imposible de barro; patinas, resbalas, te mojas los piés... Es casi de noche, y en medio del bosque casi todo es oscuridad, pero paso ya de poner el frontal, no quiero pararme hasta cruzar la línea de meta. Tras dejar las últimas energías en la "tachuela", se bajan unos embarrados senderos por un bosque y se llega al asfalto, cerca ya de Otxandio. Quedan unos 3 km aproximádamente. Recuerdo que llamé a Diana porque había oído sonar el móvil y me imaginé que había sido ella. Me costaba articular las palabras, íba medio grogui y con la mirada perdida, caminando por inercia, dando un paso y luego otro... Por fín, se vislumbra el resplandor de las luces del pueblo, y se empiezan a oir la algarabía con que la gente da la bienvenida a los que van llegando. Llegas a la plaza, te apláuden, te animan, te felicitan... Me entregan el dorsal, y muerto de frío casi ni me paro a comer nada, porque lo que más deseo es darme una ducha caliente y sentarme. En las duchas, cada uno cuenta sus batallitas, y nos asustamos cuando un chaval sufre un desvanecimiento. Nos montamos en el autobús y dormitamos hasta que se llena y nos devuelven a Vitoria. Una vez en el coche, ni vamos a cenar ni nada; lo único que queremos es dormir, descansar.

APÉNDICE:
-Yo no llevaba cámara de fotos, pero Atalanta y Ciego sí. Podéis verlas y leer sus crónicas aquí:http://jaramugosyjumentos.mforos.com/1082763/6579720-la-hiru-haundiak-14-de-junio/?pag=3

-LO MEJOR: Los paisajes típicamente del norte; prados verdes, bosques. La amabilísima gente. El ambiente deportivo y montañero. El pasar tantas horas con los amigos.

-LO PEOR: El 14 fué el cumple de CiegoSabino, y a lo único que nos invitó, fué a una gominola de cocacola... Tacaño!!! Así es como tengo el empeine del pié izquierdo; no puedo ponerme calzado. Espero que se recupere en un par de días porque necesito rodar un poco para enfrentarme el próximo sábado a la Quebrantahuesos.
Lo increíble, es que pese a todo el sufrimiento, ya estoy pensando en la siguiente. No tengo puntos suficientes para poder apuntarme al Ultra Trail del Montblanc, así que tendré que espabilar para que Atalanta y Ciego no se apunten sin mí.
Esta carrera ha sido el primero de los retos a los que nos enfrentaremos en unas pocas semanas. El poder terminarla me ha supuesto una gran inyección de optimismo, y confianza en mí mismo. Quizá haya sido la visera Ironman (personalizada Ironmanu) que he estrenado. Sea como fuere, espero terminar igual en Roth dentro de unas semanas.
A todos los que me habéis ayudado y animado. Muchas, muchas gracias.

6 comentarios:

davidiego dijo...

ZORIONAK TXAPELDUN!
Eres el más HANDI!
Va a ser muy difícil igualar tu Hiru Haundiak particular: Hiru Haundiak, Quebrantahuesos (nos vale la Treparriscos) y Roth en menos de un mes.
Aupa y arriba tus piernas, que descansen y se desinflamen.
La semana que viene espero nueva crónica.

Talin dijo...

¿eso es un pie?

Enhorabuena!!!!

Vas a Roth con un colchón mental increible ya verás, eso si ahora solo queda que ESO se desinfle.

Humberto Cerezo dijo...

buahhh!! increíble! pongo la HH entre mis "futuras". he corrido dos pequeñas pruebas de montaña este año, y ese ambiente montañero del que hablas es coj. y mucho más sano que el tri.

conocí a tu compañero atalanta (abel¿?) en la lale cubino, compartimos mesa y una charla agradable. salúdale de mi parte.

si quieres te presto un serrucho para ese pie.. ;-)

Si te lo tengo que explicar... dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Si te lo tengo que explicar... dijo...

Para David:
Gracias por los ánimos del sábado compañero. Sí,la verdad es que es un mes algo heavy; encima el Atalanta anda picando con hacer también Villameca, y a la vuelta a lo mejor me atrevo con el Jabalí.

Para Talín:
Gracias. Es lo que tenemos los de Bilbao que cuando se nos hincha el pié, se parece a los xt&%$xx que tenemos. Jejeje...

Para Humberto:
Hola Humberto. Atalanta me habló de un tal HCL y no estaba seguro de que fueras tú. Le daré recuerdos tuyos este fínde que vamos a la QH. La Hiru es totalmente recomendable; los paisajes y la gente son tremendos. Atalanta y Ciego ya han colgado fotos en el foro de los Jaramugos. Eso sí: Hay que entrenar. Taluego!
Pdta: Respecto de lo del serrucho... Es que necesito el pié para Roth tío, pero gracias.

Kevin "lotioplanxa" dijo...

Una pasada leer tu aventura, QUE DURO!! Este puente lo he pasado en Otxandio, y como me vieron un día saliendo en bici, me contaron lo de la Hiru Haundiak (vamos, como si fuera lo mismo), y ya me está entrando el gusanillo, a ver si puedo hacer un hueco en la agenda del 2009, se lo debo a los Otxandianos, aunque compatibilizarlo con preparar un IM, como lo haces?